Najwa Nimri

Najwa Nimri

Texto: Carlos H. Vázquez/ Fotografía: Elisa Lorenzi

La actriz y cantante es el wasabi del sashimi: en crudo pero con gusto a incendio verde; desde la garganta hasta la nariz, sienta la cabeza llegando a la raíz. camaleónica y colosal.

Una entrevista en la carretera, tal cual. Café y grabadora, boca a boca por el puente aéreo de la palabra. Preguntas sobre creer, querer, crear, amor, sexo, Jesús Quintero y Björk… se acomodan en el asiento trasero de un coche rojo que se moja con la lluvia mientras dobla las esquinas de la ciudad. No hay ruido ni tela que le quite voz a Najwa Nimri, aunque de fondo chillen las sirenas de las ambulancias y de la policía. “No sé si es bueno o malo hacer muchas cosas. Lo que sí sé es que no puedo hacer una sola”, ha dicho.

¿Qué es lo más irresponsable que ha tenido que decidir?

Una de las decisiones más irresponsables que he tomado (más de una) ha sido que he manejado el dinero de manera muy loca. Me arrepiento mucho, nunca he sido nada responsable. Pero a partir de ser madre se acabó eso.

¿Qué es sentar la cabeza?

Es cuidar de los míos. Una vez cuidas de un niño, cuidas de todos los que le rodean. Yo vivo con familia aparte: con mi primo, mi chico… Cuido de mis amigos. Me gusta querer a los míos.

¿En qué cree Najwa Nimri?

En crear. La primera persona del verbo creer y crear es la misma: Yo creo.

¿Nos enamoramos de lo que creemos?

Creo que nos enamoramos de lo que queremos (risas).

Supongo que dependerá de lo que se quiera querer…

Sí. Pero al final es el deseo. Y el deseo no tiene nada que ver, en mi caso, con la creencia. Creer y crear no es lo mismo, pero crear y creer sí. Es el matiz.

¿Cómo es lo de los noes en su carrera?

Me lo dijo Katrina Bayona (representante) por primera vez en mi vida. Le dije: “No quiero hacer esto. No voy a hacerlo”. Y ella contestó [Najwa pone acento británico]: “Muy bien, querida. Una carrera se configura a base de noes”.

¿Cuántos noes ha tenido cuando quería hacer algo?

No muchos, pero alguno fuerte sí que he tenido.

¿Cómo qué?

Iñárritu [se refiere al director Alejandro González Iñárritu] con Beautiful, por ejemplo.

¿Qué pasó?

Pues que estaba a punto de rodar la película y al final decidió que el papel lo iba a hacer una actriz argentina [Maricel Álvarez]. Pero bueno, los noes de la vida son mucho peores, para todo el mundo.

¿Qué celebra más el 14 de febrero: San Valentín o su cumpleaños?

Celebro sobre todo mi cumpleaños. Pero San Valentín también, porque me encanta que se acuerden de mí, que me regalen flores…

¿Qué tipo de flores?

Esa rosa que tiene las hojas muy finas pero que no es la rosa común. Me gustan las de color rosa palo.

¿Hace mucho que no le regalan una?

No tanto. Hace una semana y media. Alejandro trae flores todo el rato, aunque no trajo esas, sino unas más de matojo (risas).

Se casó y se bautizó la misma semana…

Sí. Me pidieron matrimonio y tenía que bautizarme antes. Si él quería casarse y yo le quiero, me caso, ¿no?

¿Eso es algo sensato por amor?

No sé qué es sensato por amor. Igual tú eres sensato en el amor (risas).

Bueno…

Cuidado con la sensatez, ¿eh? Que la razón traiciona al final también. Pero sensato no es.

¿A qué llamaría sensato?

No lo sé. No son las premisas por las que me suelo guiar. Me pongo muy responsable, aunque no es lo mismo que ser sensato (cada verbo implica unas cosas). Pero sensato… También es verdad que no era la primera vez que me pedían matrimonio. Y me casé por amor, porque la simbología protege. Puedo pensar todo lo contrario, porque tengo mis dudas, pero tengo también cosas que siento muy arraigadas en mí, a las que creo que la gente se aferra por algo. Yo no soy de las que piensa que todo el mundo es gilipollas y se casa porque son imbéciles por lo mismo que no pienso que si todo el mundo ve Sálvame Deluxe es porque son todos subnormales. Algo tendrá, ¿no? Algo pasará ahí que yo no entienda. Entonces, probé el matrimonio como puerta de algo que me iba a proteger y finalmente no funcionó.

Ha estado nominada al Goya cuatro veces, por actriz y por música, y no se lo han dado.

Y puede que no me den el que viene. Me encantaría que me lo dieran por la película de [Carlos] Vermut (Quién te cantará), pero estoy concienciada ya. Creo que seré de esas personas que tendrá más nominaciones y que no se lo darán hasta que sean supermayores. Siempre pienso lo mismo: Si me dan el honoríco –que igual no me lo dan tampoco– cogería y me cagaría en todo, te lo juro (risas).

¿Tiene el discurso pensado?

Sí. “¡Iros a la mierda!” (risas). No, no; me gusta haber estado nominada a cuatro disciplinas y estoy contenta con el trabajo que he desempeñado con Carlos Vermut, más allá del Goya. De verdad. También me he hecho de la Academia del Cine, y no para que me den un Goya, sino para ver todas las películas. Yo conocí muy tarde a Vermut, sola y de casualidad. Y si hubiera estado en la Academia habría visto su película. Quiero decir que hay un montón de cineastas de este país que me estaba perdiendo. Hay gente con mucho talento.

¿Se ha encontrado a alguien como usted?

Mis amigos no se encuentran entre los actores y no son como yo. Vermut, por ejemplo, más allá de entenderlo y de hacer exactamente lo que él quiere, a nivel plástica, de imagen, narrativa y de guión es lo más parecido a mí.

Una vez le dijo a Jesús Quintero -en una de las entrevistas que hizo con él- que lo cantaba todo (que se atreve con todos los palos).

Me pone muy nerviosa ese hombre. En una hago un papel y en otra no me atrevo ni a mirarlo. Estoy muy arrepentida de las entrevistas de Quintero. Hay una en la que salgo con el pelo ondulado, muy guapa, pero me odio. Y no canto todo. Imito todo, que es diferente.

¿Para interpretar también?

Sí, me gusta travestirme bastante.

Como Björk, hay dos mutaciones: la artística (musical) y luego la física.

Mira todo lo que está construyendo alrededor de ella. Hablamos de alguien importante que, ahora mismo, con la estética, está al nivel de lo que consiguió musicalmente.

¿Björk supera al porno?

Desde luego, con creces.

Najwa Nimri delante del modelo Mercedes-Benz Clase B

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