Soledad Lorenzo, galerista y voz de una generación

Soledad Lorenzo, galerista y voz de una generación

VICTORIA ZÁRATE / FOTOGRAFÍA ADRIÀ CAÑAMERAS

Galerista, personaje indispensable, voz de una generación. Soledad Lorenzo (Santander, 1937) dejó su galería homónima hace poco tiempo, pero su interés por el arte nunca ha disminuido.

Hace dos años y medio decidió cerrar su galería, en activo desde 1986. ¿Se encuentra inmersa en algún nuevo proyecto vinculado al arte?

Mi edad ya no es para hacer planes profesionales. Siempre he hecho lo que he querido y ahora también, decidí con absoluta libertad que era el momento de retirarme y no me he arrepentido. Aunque el amor por el arte nunca cesa y siempre permaneceré vinculada.

¿Se ha planteado alguna vez pasarse al otro lado y coger los pinceles?

No, la verdad… Siempre he sido muy mala dibujando y decidí no intentarlo. En el colegio era una empollona, pero dibujo y gimnasia se me daban muy mal.

¿Qué debía tener un artista para conquistarla?

Siempre digo que elegía a los artistas como hacía con mis novios. Tenían que emocionarme y la emoción es como el amor, todo un misterio. Y claro, si ya estaban “casados” con otra galería, dejaban de interesarme (se ríe).

Soledad Lorenzo, galerista y voz de una generación

Soledad Lorenzo fotografiada por Helmut Newton

Pongámonos críticos. ¿De qué carece nuestro país en materia de arte?

España no tiene tradición de educarnos en la cultura, como en Francia, por ejemplo. Vuestra generación ahora sí tiene una información desde que nace, pero todavía queda mucho que hacer. Parece que la cultura tiene que aprenderla cada uno por sí mismo, porque no interesa enseñarla. La inteligencia de la mirada no es dogmática, pero la sociedad en la que vivimos sí… Y eso es algo que aún conviene.

¿Y de qué peca?

s que la crisis económica me preocupa la crisis social. No valoramos lo que tenemos. Y es que cuando tienes las cosas te olvidas de que existen. Hay que ser más inteligente viviendo y reflexionar sobre todo lo positivo que se ha hecho. Y en este país somos muy críticos.

Elegía a los artistas como hacía con mis novios. Tenían que emocionar- me y la emoción es como el amor, todo un misterio”

Es conocida su afición a trabajar con jóvenes artistas emergentes. ¿Cómo con fluye la nueva savia creativa y una mirada tan vivida y experimentada como la suya?

Conviven bien porque en este mundo hay mucha admiración. En el arte hace falta tener un talento muy especial; quizás a escribir se puede atrever más gente pero a las disciplinas plásticas se les tiene más respeto… Por ello pienso que el artista nace y hay más tolerancia entre las generaciones.

¿Las decisiones de Soledad las guía el instinto o la razón?

Lo primero: el mundo del arte es emocional. Y he de decir que nunca me ha fallado el instinto, sólo tomé una elección desafortunada pero por la actitud personal del artista, no por su obra.

¿Es de esas personas que ven arte en todo lo que las rodea?

No, pero hay belleza en muchos más sitios de lo que nos imaginamos. A mí, por ejemplo, me fascina y emociona la moda, pero no considero arte -aunque sí hermoso- un objeto tan utilizable como un vestido.

¿Cómo ve a la mujer galerista en España?

El artista plástico no es machista pero es verdad que hay un hábito de siempre. Ser galerista es un trabajo muy humilde para un hombre, por eso hay más mujeres. No hay mucho dinero… Pero he de decir que a mí ser mujer nunca me ha supuesto ser un handicap.

Soledad Lorenzo, galerista y voz de una generación   Soledad Lorenzo, galerista y voz de una generación

¿Qué tres cualidades posee un buen galerista?

Amor al arte, es lo primordial. También poseer una mirada honesta que responda a tu cliente. Y saber educarla. Cuando alguien entraba en mi galería sin saber de arte con- temporáneo, pero con intención de comprar una buena obra, siempre le decía: “Yo te asesoro, pero tú eliges”. El coleccionista tiene que encontrar lo que más le gusta, por ello siempre recomendaba ver mucho arte y contrastar, y eso no lo hace mucha gente.

¿Ser mediático ayuda a triunfar en el arte?

Creo que para eso estamos las galerías. Un artista no necesita ser un relaciones públicas. Es verdad que en lugares como América son más comunicativos, se saben vender y no hu- yen de esta labor… Pero no es imprescindible.

¿Recuerda la primera obra que la conmovió?

Más que una pintura o una escultura recuerdo qué perfiló mi evolución visual. La muerte ha marcado mi personalidad y mi forma de ver la vida como un privilegio. Mi formación en el Liceo Francés junto a gente de otras razas y religiones también dejó huella en mi carácter.

¿Dónde adquirió la sensibilidad artística para convertir su galería en una de las más im- portantes del país?

Cuando somos niños aprendemos a leer y a sumar, pero de la inteligencia de la mirada nunca te hablan. Esto se tendría que educar y ahí es donde entra la función del arte. Recuerdo que en mi familia, a la hora de cenar, se hablaba mucho de pintura y escultura. Los domingos mi padre me llevaba a ver las exposiciones que albergan las galerías en Barcelona. Fue duran- te mi infancia cuando me enseñaron a apre- ciarlo, pero no amé de verdad el arte hasta que me puse a trabajar, primero para una galería y posteriormente en mi propio espacio. Cuan- do desarrollas esa mirada, entras a vivir en un mundo superior al de la media.

Su donación de 400 obras al Reina So a plantea una duda. ¿Se define como una galerista que colecciona arte o una coleccionista que trabajaba en una galería?

Nunca me he sentido coleccionista, sin duda, soy galerista. Pero una galería debe amar el hacer colecciones como consecuencia de su trabajo. Siempre se cree que en el mundo del arte el dinero es la esencia, pero no es así. Hace dos años decidí cerrar mi galería por cuestión de tiempo. La decadencia es muy dura y los tiempos en el arte no son inmediatos. Puedes conocer un artista y tardar un año y medio en exponer su obra. Por ello decidí que era el momento de marcharme, el tiempo se convierte en un muro cuando te haces mayor.

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