Modelo, Adèle Farine

Modelo, Adèle Farine

Texto: Elsa Ferreira / Fotografía: Myro Wulff

De rostro rebelde y belleza natural, tiene todos los componentes de la perfecta parisienne. La alumna aventajada nos habla de su París, un “estado de ánimo” lejos de la imagen burguesa de la ciudad.

En el piso de Londres de Myro Wulff, el fotógrafo que captura hoy su belleza natural, la joven modelo tiene muchos outfits que son demasiado calurosos para el día que empieza. Aún así, la sonrisa está dibujada firmemente en sus labios. Si Adèle Farine (su verdadero nombre, dice, “porque me preguntan a menudo”) contempla su naciente carrera de modelo como “unas vacaciones fantásticas”, estas no son ciertamente un descanso. Pero eso no es un problema. Con tan solo 20 años de edad, tiene la sabiduría de aquellos que prefieren la compañía de los adultos. “De pequeña era tímida”, asegura.

Reclutada hace menos de un año en una calle de París por “una agencia que no existía todavía”, se convirtió en un fichaje de la Girl Mgmt, y comenzó a aparecer en Grazia, Paulette y Schön! (revista con sede en Londres), también se convirtió en imagen de la marca de ropa interior Breakfast Club Paris. Su consagración se celebró en abril con su primera portada para la revista Jalouse. Un comienzo sólido y la oportunidad de explorar la moda más allá del papel brillante. “Es un ambiente donde suceden muchas cosas, donde cada persona aporta creatividad”, se regocija. “Tienes que confiar en ti, nunca te obligues a hacer cosas que no quieres y tienes que disfrutar de los fantásticos encuentros y los proyectos hermosos”.

El rol de la parisienne, sin duda, juega a su favor. Tiene la belleza natural y el humor pícaro que habría hecho de ella una perfecta protagonista de una película de Godard. Sin embargo, esta joven, nacida y criada en París, no se reconoce a sí misma en la imagen romántica de la ciudad del amor, “en ese cliché de los distritos del París burgués”, describe. “Yo crecí en el 19, una zona popular. Cuando íbamos al parque, era a la Villette, y no a los Jardines de Luxemburgo o al Parque Monceau”. Más allá de los edificios de estilo Haussmann y de los iconos como Inès de La Fressange –“a mi madre le encanta”, se apresura a añadir–, su París es ese que está enraizado a la realidad: “Es un estado de ánimo, es una forma de vivir juntos, de pensar que, de cierta manera, todos estamos en el mismo barco”. Por otra parte, “en París, la mayoría de la gente interesante proviene de las provincias. Ellos son los típicos del ‘blabla’, son más de lo que hablar, y eso es bueno para todos”, remata. Hay que admitir que para no tener un alma parisina completa, Adèle Farine maneja con gran habilidad el arte francés de la provocación.

El próximo año, entrará en la Escuela de Bellas Artes de París a estudiar pintura. Por ahora lo hace como una aficionada, y le gustaría dedicarse a la escultura monumental. Es una esteta que busca, sobre todo, la belleza, que su trabajo le atraiga visualmente. “Algunas personas encuentran límites, pero hay muy pocas cosas que encuentre agradables en este mundo.” Con amos en ella para cambiarlo.

*Este texto ha sido publicado en su versión papel.

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