Mathilde Warnier, actriz a las puertas del Festival de Cannes

Mathilde Warnier, actriz a las puertas del Festival de Cannes

FRANCESCA FELLETTI / FOTOGRAFÍA CHRISTOPH WOHLFAHRT

La estudiante francesa que se enfrentó en directo con un escritor (posteriormente pareja) y que entrevistó a Sarkozy en televisión es, a sus 26 años, una actriz a las puertas del Festival de Cannes.

Hace seis años causó un escándalo en Francia, en el canal de televisión más visto del país, TF1. En aquel momento, una joven Mathilde Warnier tenía 20 años y era una estudiante más que participaba como parte del público durante la presentación de la novela de Nicolas Bedos Journal d’un mythomane. Ella intervino, criticando bruscamente el libro. El autor replicó con insultos y ella se enfrentó a él. Ese incidente marcó las colaboraciones televisivas de Warnier como comentarista (memorables sus ingeniosos intercambios con Alain Juppé y Nicolas Sarkozy), su carrera como modelo (Cacharel, Miss Crofton Lingerie, Lacoste) y como actriz (Éternité, del director vietnamita Tran Anh Hung –en la que actúa al lado de Audrey Tautou y Bérénice Bejo– es la tercera película en la que participa).

“Siento que soy más actriz”, explica Mathilde, “aunque me guste trabajar en diferentes formas de expresión, como el periodismo. Y nunca me he sentido como una modelo, pero cuando he tenido la oportunidad de participar en una sesión de fotos, un spot o un desfile, lo he hecho como si estuviera actuando. El cine es como la vida de los sueños. Pero no solo eso: nos ayuda a entender nuestra sociedad, a abrir nuestras mentes. Y es una mezcla de muchas artes: literatura, música y fotografía”. A cualquiera que acuse a Mathilde Warnier de haber planeado el argumento televisivo con Nicolas Bedos –con quien tuvo un affair– ella responde: “Es ridículo pensar que mi pelea con Nicolas pudiese haber estado planeada de antemano. No parece tan imposible para mí que una joven estudiante pueda decir a alguien tan francamente lo que piensa de su trabajo. Pero me gusta mantener cierto misterio alrededor: fue algo cínico pero al mismo tiempo dulce”.

La actriz se hizo famosa en Francia por criticar
a un célebre escritor, Nicolas Bedos, con el que posteriormente viviría un romance

 

En la actualidad, Warnier está preparando la segunda temporada de Au service de la France, que comienza como una historia de espías y se convierte en una parodia de los servicios secretos franceses a comienzos de los años 60 y símbolo del decline de la Francia colonial. Mientras tanto, acaba de completar el rodaje de Les garçons sauvages, de Bertrand Mandico, que es más que probable esté presente en el próximo Festival de Cannes. La historia se desarrolla a principios del siglo XX, en la isla Reunión, donde cinco chicos adolescentes cometen un crimen brutal, por lo que los ponen bajo el cuidado de un capitán de barco para que les eduque durante un viaje. Los jóvenes se rebelan y terminan en una isla salvaje con una fantástica vegetación, donde se convierten en mujeres.

La prensa francesa la ha catalogado como una película de aventuras que “derroca los arquetipos” del género de aventuras. “El director Bertrand Mandico me ha impresionado realmente como persona y como profesional”, remarca Mathilde. “Encuentro alucinante que una persona con ese complejo mundo interior consiga hacer una película realmente como él quiere, que además es como un cuadro surrealista. Creo que esto es muy tranquilizador en este mundo, tan insulso y controlado”. ¿Cuál es tu papel? “Soy Sloane, el más joven de esos adolescentes. Es un tipo ansioso, pero optimista. Se las apaña muy fácilmente para hacer sentir incómodo a todo el mundo: puede ser violento y perverso. Lo que valoro más sobre mi trabajo en el rodaje de Les garçons sauvages fue el poder interpretar la parte de chico: curiosamente fue un alivio no tener que estar guapa. Siempre he soñado con ser capaz de interpretar un papel diferente de los que me presentan como una chica bella y estúpida”.

Esta conversación con Warnier se lleva a cabo recién llegada de una escapada romántica a Japón. “Me han encantado todos los sitios que he visto”, dice. “Me he sentido apreciada y bienvenida en todas las ciudades, desde las más peque- ñas y remotas hasta las grandes urbes. Los japoneses saben cómo vivir colectivamente, mientras que en Francia la gente es descortés y poco agradable. Tan pronto como aterricé de vuelta en Francia me di cuenta de esta diferencia, y ha sido un shock, por no hablar de la suciedad en nuestras calles y el aire lleno de humo”. Ella para, sonríe y murmura: “¡Pero no abandonaría París por ningún otro sitio en el mundo! Yo también soy grosera y me siento en casa con mi gente”.

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