Isabel Muñoz, Premio Nacional de Fotografía

Isabel Muñoz, Premio Nacional de Fotografía

LIDIA MASERES / FOTOGRAFÍA FEDERICO CLAVARINO

Hace 30 años de su primera exposición, Toques, e Isabel Muñoz ya ha recibido el Premio Nacional de Fotografía por su trayectoria y compromiso social. A sus 65 años el retiro no pasa por su cabeza, las imágenes la hacen libre.

Isabel Muñoz (Barcelona, 1951) quiso ser bailarina, le tentaron las Ciencias Exactas y bien podría haber sido antropóloga. De lo primero le quedan sus ganas de bailarle a la vida y a las imágenes, de lo segundo su meticulosidad y de lo tercero, su amor e interés por el ser humano. La que acaba ha ganado el Premio Nacional de Fotografía (se suma, entre otros, a sus dos World Press Photo) lleva toda la vida tomando imágenes. Hasta los 13 años sin cámara, luego se compró la primera. Ella, que habla bajito con un discurso firme y apasionado, cuenta que aquella decisión le cambió la vida. Las ganas de contar historias, como lo hacía su abuela, también.

Han pasado tres décadas desde su primera exposición, ¿cómo ha evolucionado?

Mi fotografía y yo lo hemos hecho de la mano, juntas. Lo cual es un privilegio.

¿Alguna vez pensó que llegaría tan lejos?

Nunca mido, ¿qué es tan lejos? Son muchos años de poder dedicarme a esta pasión y poder contar historias para que las cosas cambien, eso es lo importante. Tengo 65 años y soy muy activa, no me gusta parar. Esta es una carrera de fondo con placer y esfuerzo y a cuya meta no me gustaría nunca llegar. Me daría mucha tristeza dejar de sentir esa pasión que es mi motor.

A sus 65, la palabra jubilación no…

¡No, no, no! [dice con rapidez antes de terminar la pregunta]. De ninguna manera. A mi hijo le digo: ‘Tú no te preocupes, porque si me pasa algo, piensa que estaba haciendo lo que realmente me gusta’. Ha habido momentos en que, por una cosa u otra no me he podido mover, pero me he dado cuenta de que se pueden hacer fotos en silla de ruedas… Lo importante es sentir la necesidad, es una forma de vivir, de ser y estar libre.

Cuento las cosas que me interesan y de la forma menos tocada por la civilización. Es una necesidad y una obligación personal

Muchos de sus trabajos están ubicados en lugares místicos, casi mágicos. ¿Cuándo cogió la mochila y salió a hacer fotografías?

A veces, con tu imaginación, viajas también. Siempre lo he hecho, desde muy pequeñita, y lo hacía solo mirando. En mi vida profesional empecé, no a utilizar el viaje como tema, sino a vivirlo. Lo que ha cambiado es la manera de hacerlo y de contarlo. Muchas veces no viajo con queroseno porque nuestra realidad cambia. Cuento las cosas que me interesan y de la forma menos tocada por la civilización. Es una necesidad y una obligación personal. Yo viajo todos los días, hasta el sueño reparador es un viaje. Necesito tener proyectos y sueños. Y luchar hasta el final para que se hagan realidad.

Isabel Muñoz, Premio Nacional de Fotografía

Con Álbum de familia, su último trabajo en el Congo, es la primera vez que retrata animales.

Sí, allí tengo dos proyectos, este y el tema de la mujer. Fue la primera vez que no fotografiaba a humanos, y fue un descubrimiento. Estaba en Nueva Guinea Papúa, tumbada, en medio de la naturaleza y los vi. Los grandes simios son nuestro eslabón más cercano. Nunca pensé hacer naturaleza porque es tan mágica que no sabía qué podía aportar, pero tras descubrirlos llegué a la conclusión de que quería fotografiarlos como a los humanos, sacarlos en libertad. Me enteré de que en el Congo había dos especies que están desapareciendo: los bonobos, los más parecidos a nosotros, y en la zona del este, los lowland gorilas. A su vez, conocí a la periodista Caddy Adzuba, que en 2014 ganó el Príncipe de Asturias de la Concordia, quien contó conmigo para hacer una exposición a través de la cual concienciar al país de la situación de la mujer en 2015. Diría que, desde entonces, políticamente no se puede decir que no se conoce el problema. Un trabajo me llevó a otro. Después tuve oportunidad de hacer, también en el Congo y con total libertad, Álbum de familia.

¿Cómo fue el acercamiento a los gorilas?

No pasé miedo. He estado tres veces y la última fue la peor por la situación del país, pero ellos no atacan si no se sienten atacados. Protegen a sus hembras y a su prole. El hombre que lleva todos los parques, para preservar las familias de entre 35 y 50 miembros, tiene a dos pigmeos viviendo con cada familia. Es la tribu que más conoce la naturaleza y los aceptan.

¿Para dónde tiene su próximo billete comprado?

Acabo de retomar un proyecto sobre el género y el derecho a amar libremente a la persona que quieres. Quiero que sea una exposición porque este 2017 Madrid será la capital mundial del Orgullo. También he estado en México haciendo un tema sobre metamorfosis, quiero que sea un homenaje a todos aquellos que sufrieron con la ley de vagos y maleantes. Mis trabajos me sirven para que no se quede seco el corazón. Estoy con todo, pero siempre abierta porque nunca sabes lo que va a venir. No pienso parar. Se trata de buscar y mi cuerpo me lo permite.

¿Sigue trabajando con la técnica artesana de la platinotipia?

Sí, sí, estoy investigando y no solo en blanco y negro, tenía el color abandonado. El platino me permite muchas cosas: el misterio, la sensualidad del papel, la piel, la perdurabilidad… Hoy hemos llegado a tal perfección que me cansa. Me gusta la imperfección de la perfección, el que nunca dos copias sean iguales.

Dice que le baila a las imágenes…

Sí, le bailo a la vida. Hice un trabajo sobre la tauromaquia con un torero que ha sido lo mejor que he visto, Joselito. Durante cinco años le seguí porque me encantaba como le bailaba al toro y le seducía. Cuando estoy con una imagen que no me da el personaje me digo: ‘¡Báilalo Isabel, báilalo!’. Y al final, sale.

Isabel Muñoz, Premio Nacional de Fotografía   Isabel Muñoz, Premio Nacional de Fotografía

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