Donna Leon, la gran dama del crimen

Donna Leon, la gran dama del crimen

BENITO GARRIDO / FOTOGRAFÍA DARÍO VÁZQUEZ

En Venecia la conocen como la escritora americana que vive por allí y se pasea por sus calles. En el resto del mundo, Donna Leon (Nueva Jersey, 1942) es tratada como la gran dama del crimen y la novela negra.

Autora de prestigio internacional, es la creadora de Guido Brunetti, el comisario veneciano que, con sus dudas y contradicciones, se ha acabado erigiendo en protagonista de una las sagas literarias más fértiles y apreciadas del panorama editorial. Las novelas de Donna Leon (que en 2015 ganó el Premio Pedro Carvalho) se adentran sin temor entre los canales y antiguos palacios de una ciudad convertida en el reflejo de la decadencia, crimen y corrupción que minan los pilares de la sociedad actual. Sin embargo, ninguno de esos delitos consigue arruinar el optimismo de una mujer que logra reinventarse en cada nuevo trabajo que acomete.

El comisario Brunetti le ha hecho mundialmente conocida. En su día a día, ¿cómo lleva usted el hecho de ser famosa?

Digamos que he mantenido la inteligencia de no haber sido publicada en Italia. Ahí he estado muy hábil. De modo que en el lugar donde vivo no soy nadie, en todo caso, una habitante más; ese espacio lo he conseguido preservar de la fama, logro del que me siento muy orgullosa. Allí saben que escribo, que me va bien con la venta de mis libros, pero solo hasta ese punto.

¿Pesan mucho los reconocimientos a la hora de emprender un nuevo trabajo?

Para nada. La única obligación que yo siento es la de escribir un libro que a mí misma me tiene que gustar. Y realmente el día que no me guste lo que escriba, lo dejaré. ¿Qué sentido tendría entonces?

Son ya muchos años escribiendo, pero ¿cómo se gestó su entrada en el mundo literario?

No fue algo buscado a propósito, más bien como un billete de lotería que hubiese encontrado por la calle. De hecho, todo surgió como una broma: discutía con un amigo sobre un director de orquesta tan antipático que no resultaría extraño si un día apareciese asesinado. Siguiendo el juego me planteé la posibilidad real de escribir una novela en la que ciertamente alguien matara a ese personaje. Una idea descabellada, sobre todo teniendo en cuenta que en mi vida nunca me había planteado escribir. Aún así, me puse manos a la obra. Acabé haciendo una novela negra que inesperadamente ganó el Premio Suntory de Japón. Se trataba de Muerte en La Fenice, publicada en 1992. Después llegó un editor norteamericano que me propuso un contrato para dos libros más, y luego dos más… Y así hasta que ya se hizo una más que satisfactoria obligación.

Donna Leon, la gran dama del crimen

Hay dos temas en los que nunca entraría: el secuestro por dinero, que siempre me ha parecido incluso peor que un asesinato, o cualquier caso de violencia infantil.’

A lo largo de los 24 títulos de la saga, ha escrito sobre todo tipo de delitos. ¿Le queda todavía algún crimen que no haya afrontado?

Solo es cuestión de hojear cualquier periódico para darse cuenta de los crímenes que pueden inspirar un nuevo libro. Sin embargo, sí que hay dos temas en los que nunca entraría: el secuestro por dinero, que siempre me ha parecido incluso peor que un asesinato, o cualquier caso de violencia infantil. Jamás escribiré sobre ello.

¿Cuánto de Donna Leon tiene su personaje Brunetti? ¿Por qué eligió un protagonista masculino?

Leemos los mismos libros. Lo que lee Brunetti en la novela es precisamente lo que yo estoy leyendo en el momento de escribirla. Eso es lo único que nos relaciona. Decidí que fuese hombre porque resulta mucho más fácil dibujar un perfil masculino. Una mujer policía debería estar justicándose continuamente, sería un duro extra, perpetuo en cada nueva novela. Estamos en un mundo machista y masculino, así que para mí, el parámetro más fácil a seguir era ese.

De nacimiento americano pero alma italiana, ¿cómo se combinan esas dos facetas en la mente? ¿Chocan a menudo?

Éticamente soy muy americana, con un sentido estricto de lo que es justo e injusto. Pero vivo en un país con una visión diferente, pues el italiano es mucho más elástico, tiende a perdonar y comprenderlo todo, mientras que el americano no perdona nada, al revés, es bastante rígido. Así, ante una situación concreta, procuro dimensionar mi actitud: aunque el primer impulso emotivo es muy italiano, mantengo la racionalidad americana, mucho más crítica y analítica.

Una mujer policía debería estar justificándose continuamente (…) Estamos en un mundo machista’

Puestos a elegir, ¿prefiere quizás la novela criminal nórdica a la netamente mediterránea?

¡No! Pero no solo por la violencia que rezuman, la nórdica es un tipo de novela que no resulta agradable: el trato y la relación con las mujeres, la vida cotidiana tan miserable y esclava… Esa sordidez y sufrimiento vital que se hacen perpetuos, no me gustan nada.

Sus novelas han sido adaptadas a la televisión. ¿Se ha planteado alguna vez hacer guión de cine o participar en uno de ellos?

Soy una persona que no ve la televisión, que no va al cine. Ese es un registro que desconozco totalmente, una capacidad que no tengo y que tampoco me planteo emprender.

Después de tanto escribir sobre delitos y homicidios, ¿cree realmente que existe el crimen perfecto?

Definitivamente sí. La escritora Ruth Rendell me enseñó personalmente que el crimen perfecto es posible.

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