Domenica Cameron Scorsesese, cineasta al margen de papá

Domenica Cameron Scorsesese, cineasta al margen de papá

CARMEN COCINA

De casta le viene al galgo. La actriz y directora se abre al mundo con Almost Paris, un filme sobre la crisis financiera que inaugura una nueva categoría dentro del indie. Y no, papá no ha tenido nada que ver.

Quitando Chuck Norris, que perdió la virginidad antes que su padre, para cualquier ‘hijo de’ con inquietudes creativas el apellido es un lastre que arrastrará hasta la tumba. Algunos, como el primogénito de Bowie, plantan cara a su destino a las bravas: asumiendo que nadie vería más allá de su condición de retoño del Duque Blanco, decidió salir a la palestra cinematográfica como un maravillosamente insulso Duncan Jones. Para Domenica (West Hollywood, California, 1976), fruto del fugaz matrimonio entre la escritora Julia Cameron y el célebre director de Toro salvaje, la cosa pintaba parecida: figurante especial en su adolescencia en varias películas de su progenitor, la alargada sombra paterna amenazaba con convertir en peccata minuta su identidad artística. Convencida de que el orden de los factores sí altera el producto, pasar su amante apellido a un literal segundo plano y licenciarse cum laude en Cinematografía fue todo uno. Hoy, Domenica Cameron Scorsese ha alumbrado 21 títulos como actriz, varias adaptaciones de teatro y tres cortos (A Little God, Spanish Boots y Roots in water) que destilan una visión humanista e introspectiva, con las miras puestas en la catarsis y la evolución personal. Tras cinco años de trabajo y múltiples altibajos presupuestarios, Domenica estrena su primer largo, Almost Paris, en el que retrata la recesión de nuestra historia reciente desde la perspectiva de un tiburón de las nanzas que es despedido de su trabajo. Los verdugos también mueren.

“Todos hemos emitido un juicio de valor sobre los cómplices de la crisis, pero deberíamos ampliar las miras y aceptar que quizá en nosotros exista algo de ellos”

 

Su primer cortometraje data de 2001, pero no se decidió a dar el salto al largo hasta ahora. ¿Qué la empujó a ello?

Me atraía hacer una película coral, con una compleja matriz de relaciones interpersonales. El guión de Wally Marzano-Lesnevich describía el impacto de los tejemanejes financieros en una unidad familiar, retratando al mismo tiempo la honestidad como una cualidad balsámica: la superación de los obstáculos que impedían a los personajes decir la verdad los lleva a grandes conquistas morales. De forma similar, en Spanish Boots y Roots in the water los protagonistas se enfrentaban a verdades desagradables sobre ellos mismos, y era su toma de conciencia sobre ello lo que los lleva a puntos de inflexión, al propósito de cambiar. En Almost Paris apunto también el poder redentor del amor y del perdón, cuando los personajes admiten ante los otros sus propios defectos y debilidades.

La mayor parte de las películas sobre la crisis financiera retratan a los brókers de Wall Street como villanos. ¿En algún momento se sintió disuadida por el riesgo de presentar una visión más empática de ellos?

Lo que me motivaba era, precisamente, mostrar la otra cara del pastel. No tenía que explicar cómo se gestó la crisis, porque otros cineastas lo han hecho ya de forma brillante. Pero algunos rayan lo grotesco. Mi intención era promover una reflexión sobre qué dice de nuestra cultura la forma en la que hablamos del dinero. Podemos recitar estadísticas de un tirón, pero reflejar la parte humana es mucho más difícil, y si queremos que el cambio llegue debemos atender a este factor. Centrar la película en alguien que había formado parte de ese tinglado era fundamental. Y no podemos obviar el atractivo que presenta ese tipo de vida. Todo el mundo ha emitido un juicio de valor sobre los cómplices de la crisis, pero deberíamos ampliar las miras y aceptar que quizá en nosotros exista algo de ellos.

Domenica Cameron Scorsesese, cineasta al margen de papá

¿Cómo afectó esta plausible dualidad a la construcción de los personajes?

Mi propósito era mostrarlos en un ángulo de 360 grados. Me preocupaba que se pusieran etiquetas a los personajes femeninos, en plan: “Esta es la puta, esta, la arpía, esta, la mártir”. Quería asegurarme de que todos, independientemente de su género, se contemplaran en un contexto equilibrado, mostrando al elenco como un protagonista colectivo que se enfrenta a un proceso interno de cambio en un mundo en el que no todo es blanco o negro. Lo verdaderamente interesante es el caos que experimenta la gente cuando intenta sacar lo mejor de sí misma.

¿Cuál fue el mayor reto que le planteó la película?

El de todo el cine independiente: contar la historia al margen de nuestras limitaciones. Habida cuenta de nuestro presupuesto, fuimos tremendamente ambiciosos: más de 20 localizaciones, días de rodaje y actores con diálogo.

Almost Paris ha cosechado estupendas crí- ticas en festivales como Tribeca. ¿Qué consejo daría a futuros principiantes?

Que practiquen, hagan cosas y experimenten. Nadie nace aprendido.

¿Cuáles son sus directoras de cine favoritas?

No suelo ver una película porque la haya dirigido una mujer; generalmente, me entero de eso después. Me encantan Penny Marsha- ll (Big), Andrea Arnold (Fish Tank) o Debra Granik (Winter’s bone), Mary Stuart Master- son (The Cake Eaters), la emotividad de Jane Campion en El Piano, la fortaleza de Kathryn Bigelow en K-19: The Widowmaker… Y Nora Ephron, Jodie Foster, So a Coppola, Anjelica Huston y mi madre, directora de God’s Will, por demostrarme que era posible.

Foto de portada: La actriz y directora, en una imagen de 2010 durante el Tribeca Film Festival de Nueva York.

PUBLICIDAD



PUBLICIDAD