Amélie Pichard, diseñadora y emprendedora de su firma homónima

Amélie Pichard, diseñadora y emprendedora de su firma homónima

Raquel Fernández / Fotografía Francesco La Porta

Acaba de llegar y está dispuesta a cambiar las reglas del juego. Charlamos con la francesa en su apartamento de París para tratar de descubrir si existe otra forma de triunfar en la industria de la moda.

Parós, 30 de septiembre de 2016. Es la cuarta jornada de su semana de la moda y la agenda del día marca nueve desfiles y diez presentaciones. A mediodía tengo una cita con Amélie Pichard, la creadora de la firma de zapatos que lleva su nombre y conocida por el gran público por la colección de calzado vegano que ha elaborado mano a mano con Pamela Anderson. Quedamos en su estudio de la rue de Lappe, en el distrito XI, en medio de lo que me imagino será una vorágine de prensa y compradores mirando, tocando y comentando su colección Spring/Summer 2017. Qué equivocada estaba.

Al cerrarse la puerta del exterior y adrentrarme en el patio, comienzo a percibir el tono que tendrá nuestro encuentro. Me recibe Lucie, el otro único miembro de su equipo, que trata de poner orden en un pequeño almacén hasta arriba de cajas de zapatos, y me acompaña hasta el estudio donde me espera Amélie. El espacio no es otra cosa que su casa, un apartamento inundado de luz que se vuelve más acogedor cuando la diseñadora pone sobre la mesita del salón dos tazas y una tetera humeante. Así que hago lo inevitable: me olvido de las prisas y me entrego a su compañía. Tanto, que me olvido de preguntarle lo obvio: ¿dónde está su nueva colección? Por suerte, ella responde sin ser cuestionada. “Hace unas semanas mandé un e-mail a mis compradores. Les dije que quería cambiar el sistema, que no iba a hacer presentación durante la semana de la moda. Pretendo hacer algo diferente porque cada vez que he presentado nueva temporada me preguntan: ‘¿Dónde está este modelo? ¿Dónde está este otro?’. Y yo me digo: ‘Pero si no lo compró hace seis meses, ¿ahora lo quiere?’. Siempre buscan cosas que no pueden tener, porque nunca puedes dar a todo el mundo lo que quiere. Ahora que conocen la firma y mi producto, quiero que trabajemos juntos, crear modelos juntos”. ¿Perdón? “La verdad es que muchos de esos compradores todavía no han contestado al correo [se ríe]. Algunos han respondido diciendo que quieren ver la nueva colección y se lo hemos tenido que volver a explicar. Los cambios requieren tiempo. Durante esta semana me estoy reuniendo con ellos para tomar café y hablar de los nuevos modelos”. Ahí la tienen, acaba de llegar y ya quiere cambiar las cosas.

Para Pichard todo empezó con un vacío, el que sintió tras terminar sus estudios de Diseño. “En 2008 conocí a la fabricante de zapatos Ma-dame Germaine en su taller de Belleville. Allí me topé con un artesano trabajando con sus manos y descubrí el contraste entre lo crudo de ese proceso y el lujo del zapato final. Me di cuenta de que quería hacer zapatos así, con mis manos, como aquel artesano”. Y se dejó llevar: “Nunca decidí establecerme por mi cuenta realmente. Soy tauro, soy incapaz de pensar en esas cosas. Cuando acabé las prácticas y tras cinco años trabajando en Dice Kayek, gané un concurso de calzado de Bata. Entonces me dije: ‘Bueno, si nunca habías hecho zapatos y la primera vez que los haces ganas un concurso, es probable que también puedas ganarte la vida así’. Escribí a muchas marcas y nadie contestó. Volví a Madame Germaine y le pedí ayuda para diseñar mi primera colección”. Se la llevó a Première Vision y un comprador japonés fue el primero en interesarse. En 2011, Le Bon Marché le dio el empujón definitivo.

“No necesito tener nuevas colecciones cada temporada, lo que necesito es que el producto y la calidad sean buenos”

 

Su particular estética (siente debilidad por las líneas retro y desde el primer momento apostó por aplicar a sus diseños materiales inesperados) no tardó en llamar la atención de las personas clave de la industria de la moda, pero la atención de los medios populares y el gran público vino con la colección que presentó el año pasado en colaboración con Pamela Anderson. “Cumplí mi sueño. Bueno, mi sueño era conocer a Pamela en algún momento, no trabajar con ella. Me hizo muy feliz, fue importante para mí a nivel personal y también para mi firma. Ahora toca un nuevo capítulo en nuestra historia. No quiero trabajar con más celebrities por el hecho de que sean famosas”. No exagera en sus palabras respecto a la actriz. De hecho, el primer mule que diseñó se llamaba Pamela, y por esos golpes del destino acabó en los pies de Anderson. Se conocieron y decidieron preparar una línea de zapatos completamente veganos. “Quiero seguir trabajando en esa línea. Con esta colaboración me di cuenta de lo complicado que es encontrar materiales libres de piel que sean aptos para hacer zapatos. Resulta que si no quieres llevar piel, tienes que llevar plástico. ¿Cómo podía ser que en 2016 no hubiese alternativas? Inventaré un nuevo material. Llevará tiempo, pero es mi objetivo”.

 

Hace seis meses estaba buscando los inversores adecuados y en sus planes estaba la apetura de su primera boutique propia (“Quiero seguir el modelo de Louboutin, que no tiene distribuidores externos, solo tiendas propias y shop in shops. Para mí, mi universo y mi firma son lo más importante. Con dos productos en un punto de venta no es posible trasladarlo al consumidor, pero trabajando de esta manera escribimos una historia”). Una vez más puede decir que lo ha conseguido, porque me cuenta por e-mail que ya está con los preparativos.

Visto lo visto, es probable que no haya nadie mejor que ella para saltarse el frenético ritmo de las temporadas y no dejarse tentar por el famoso see-now, buy-now. “En seis años hemos lidiado con fábricas, timings, clientes… Ahora con las precolecciones, las tiendas quieren cosas nuevas todo el tiempo y yo no quiero someterme a esa presión. Prefiero decir adiós e ir a mi rollo”. Y qué rollo.

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