El sonido de unos zuecos

El sonido de unos zuecos

RAQUEL FERNÁNDEZ

Del campo a la ciudad: así han pasado los zuecos a convertirse en el calzado más atractivo de la temporada.

Cloc, cloc, cloc. Acostúmbrate a este sonido porque puede convertirse en la banda sonora de los próximos meses. No comiences a negar con la cabeza: aunque pueda parecer monótono, tiene su encanto.

Si consideramos su origen el primer zapato de madera, es complicado situarlo en el tiempo porque una vez echado a perder, el calzado de este tipo terminaba sus días de existencia en la hoguera. Lo que nos ayuda a hacernos una idea de su importancia es que en función del lugar de nuestro país del que procedas, te referirás a estas rudimentarias versiones como galocha, madreña o albarca. A pesar de la diferencia de sus nombres, aquí y en todo el mundo tienen (se siguen utilizando en el ámbito rural) características comunes, empezando por su uso para trabajar en el campo. Pero si hay unos zuecos famosos, esos son los suecos y los holandeses. En este último lugar se documentó el primer par hace unos 850 años. Es probable que paseando por Ámsterdam hoy no te cruces con nadie que lleve su versión más tradicional, pero en esa ciudad se venden más de seis millones de zuecos como souvenir al año.

La curiosidad que probablemente no sabes es que muchos historiadores los relacionan con el origen del claqué. Los trabajadores de los molinos de algodón de Lancashire los utilizaban para no resbalar sobre el suelo mojado y bailaban con ellos a ritmo de los telares allá por el siglo XVII.
Pero volvamos al presente. ¿Por qué recurrir a los zuecos en este momento? Pues porque normalizadas las sandalias tipo Birkenstock y todos los per les posibles de unas zapatillas, suponen la mayor novedad que puedes sumar a tu armario. Además son cómodos (algo así como los primos hermanos amables de los mules), por lo que no tendrás que renunciar a una de las mejores cosas que nos ha dado la industria de la moda en mucho tiempo. Cómodos, eso sí, cuando elijas su versión en plano y de suela ligera.

El sonido de unos zuecos

Si dudas de sus cualidades favorecedoras, piénsatelo dos veces, porque pocos zapatos hacen tanto bien a la apariencia de los tobillos. Los afina, los estiliza y el resultado es más sexy de lo que cabría esperar: un tobillo expuesto es tan definitivo como un hombro al aire (otro de los grandes gestos de la temporada) o la ligera transparencia de un vestido de verano.

Afrontemos ahora a la parte práctica. ¿Cómo y cuándo llevarlos? La última vez que hubo unanimidad sobre la cuestión del encanto de los zuecos fue a principios de los 2000, cuando nos azotó una fiebre por la estética hippy. Ahora, aunque la actitud sigue siendo bohemia, no se trata de convertirse en víctima del imaginario de Woodstock. Sumarle unos zuecos a un look sico a cualquier hora del día constituye suficiente homenaje a su espíritu.

PUBLICIDAD



PUBLICIDAD