Ponte las botas

Ponte las botas

Delfina Sobrín

El ciclo de las tendencias trae de vuelta un calzado que pasó del campo de batalla al uniforme punk. Aunque esta vez no está aquí para pelearse con nadie.

De los monos de trabajo a las zapatillas de deporte, la moda ha sabido adueñarse de prendas y accesorios que, en principio, no estaban destinados a lucirse en la calle. Las botas que querrás llevar este otoño (las botas planas, porque las que llevan tacón son otro cuento) tienen su origen en las tropas militares de la antigüedad. Las primeras se localizan en los pies de los asirios, en torno al siglo XVII a.C. Las suyas, eso sí, no eran exactamente botas sino sandalias abotinadas, a las que aplicaban tachuelas en las suelas para adaptarse a cualquier terreno… y para utilizarlas como armas si era necesario. Después vinieron los romanos, con una versión que nos resulta más familiar.

Ahora ponte las botas porque vamos a dar un salto considerable en el tiempo. El calzado de combate continuó evolucionando, y en la Primera Guerra Mundial se calcula que se fabricaron mas de 2,5 millones de pares para las tropas aliadas. Los numerosos conflictos del siglo XX perfeccionaron sus suelas y costuras, y cuando llegaban a su fin los militares dejaron de llevarlas en exclusiva. El auge de las contraculturas en los 70 ayudó a extender su fama más allá de Inglaterra, donde comenzó su nueva vida, y a convertirlas en símbolo de protesta universal. Allí no solo era cosa de punkies, también las hicieron suyas la clase obrera y los abanderados de la izquierda. En estados Unidos, las feministas utilizaron el sonido que producían contra el asfalto para reclamar sus derechos. Los skinheads, eso sí, les hicieron cargar con su mala fama hasta que la industria de la moda las abrazó para expresar el mensaje inconformista de los diseñadores que dominaron la década de los 90.

Una de las primeras en lavarles la cara fue Rei Kawakubo, seguida poco más tarde por Yamamoto, Helmut Lang y todo el huracán belga representado por los famosos seis de Amberes. Lo importante, ya se sabe, es romper el hielo, así que para las firmas más conocidas que las incluyeron en sus colecciones a finales de los 90 y en los primeros 2000, el acto de rebeldía fue coser y cantar. Prada, Gucci o Chanel comprobaron que este calzado, con su aire grunge pero perfecto para el día a día, completaba con éxito el camino de la pasarela a la calle.

¿Cómo se las han ingeniado para que en 2017 nos sigan pareciendo nuevas? Básicamente, despojándolas de cualquier rastro de actitud de enfado, como demuestran las perlas que aplica Altuzarra a las suyas, el femenino tacón que Pierpaolo Piccioli suma a las de Valentino (aunque no suene muy atractivo, el resultado sí lo es) o la inesperada capacidad de ser aptas para la oficina que consiguen las Olsen en The Row al combinarlas con abrigos y trajes sastre en lana o piel.

Ponte las botas

PUBLICIDAD



PUBLICIDAD