De goma

De goma

Delfina Sobrín

Cuando el hombre comenzó a cubrir sus pies, eligió deslizarse en unas sandalias. ¿Qué vas a escoger tú este verano?

Antes de que nos importase un bledo la idea de las tendencias (o de que estas nos hiciesen vestir a todos prácticamente igual), los seres hu- manos nos pusimos de acuerdo en ciertas cuestiones de calzado. Para ser un poco más precisos, mucho antes. Tanto, que ni los historiadores más aplicados saben en qué momento dimos con la fórmula de las sandalias, ni siquiera en qué parte del mundo se encuentran sus pioneros. Las más antiguas aparecieron en una cueva de Oregón (la prueba de radiocarbono les echó unos 10.000 años encima) pero es difícil saber si fueron las primeras, porque también han aparecido evidencias de su uso en China, Egipto y la zona que una vez fue conocida como Mesopotamia. Los griegos, famosos por tomarse muy en serio las cuestiones de etimología, sí pueden presumir de haberles puesto nombre: baxeae a las de tipo ip op y utilizadas por aquellos que estaban en la parte media del rango social; y cothurnus, en clave abotinada y para los major posicionados. Porque sí, el calzado por aquel entonces también se entendía como símbolo de estatus. si saltamos en el tiempo hasta nuestros días podríamos asegurar que las cosas no han cambiado tanto. Las sandalias siguen siendo la gran opción cuando el clima es cálido, y su precio (a veces) es capaz de determinar quién puede calzarse qué.

Desde hace un par de años reinan las de piscina, esas de goma que se inventaron en los 60 para poder utilizarse en los vestuarios de instalaciones deportivas y que, sin duda, están aquí como consecuencia del reinado de la moda deportiva. Hoy son los anglosajones los que dan en el clavo a la hora de poner nombre a las cosas, porque a esa tendencia la llaman athleisure y a lo que nosotros denominamos “chanclas” ellos lo llaman “slides” por motivos obvios: uno no se las pone, se desliza en ellas.

Las opciones son casi in nitas y destinadas a lucirse las 24 horas y en cualquier escenario: están las Adilette que llegaron en los 70, desaparecieron en los 80, volvieron en los 90 y se esfumaron hasta nuestra década; y están las de lujo, que son palabras mayores. Miuccia Prada rma dos de nuestras favoritas, una versión en clave montañera con flores para la etiqueta que lleva su apellido (perfectas para las que vayan a aventurarse en el camino de santiago) y otra que recuerda a aquellas que te dan después de hacerte la pedicura (conviene no olvidar que cualquier sandalia exige unos pies cuidados). Dolce & Gabbana también tiene las suyas, con sus iniciales bordadas en dorado como las que sirven de obsequio en los mejores hoteles del mundo, simone Rocha las cubre de volantes y Marc Jacobs las interpreta con los colores de la bandera LGBT.

En las próximas semanas, cambia el ip op por el ap ap y camina tranquila. Mucho sport nunca es demasiado, y al fin y al cabo, nadie debería juzgarte por llevar el primer tipo de calzado de la historia.

De goma

PUBLICIDAD



PUBLICIDAD