Lo confieso: yo también he escrito una ‘to-do list’

Lo confieso: yo también he escrito una ‘to-do list’

Myreia S. Vaquero

A ella se lo contamos todo o, lo que es lo mismo, las tareas que nos hemos propuesto hacer. Le especificamos el día en el que queremos tenerlas resueltas pero también la prioridad porque no nos gusta que entre nosotras haya secretos. La hacemos partícipe de nuestra rutina. Una to-do list. Ella sabe lo que tenemos por delante cada mañana y los objetivos que hemos decidido que no se quedarán por el camino. Pero nuestra relación no termina aquí porque también es la primera en descubrir la sensación de paz y orgullo que nos inunda cuando le decimos, tarea completada. Porque a eso hemos venido, ¿no? A conseguirlo.

Antes, las confidentes eran las agendas o los calendarios que nos vigilaban desde nuestra mesa de trabajo. Pero aparecieron las to-do list para quitarles el protagonismo y convertirse en nuestras aliadas a la hora de identificar y analizar prioridades. La organización no es una cualidad que se pueda comprar pero se puede entrenar e incluso hacer realidad.

Las primeras to-do lists surgieron en Brooklyn. Ryder Carroll, su creador, afirmó que las imágenes y mapas mentales ayudaban a organizar el caos en las mentes de pacientes con TDA-H. Desde ese momento, un grupo de científicos comenzó a hacerse una pregunta que seguro que tú también te has planteado mientras hacías la tuya: ¿son realmente útiles estas listas? ¿Somos más productivos? ¿Cumplimos más retos?

Lo confieso: yo también he escrito una ‘to-do list’

Para el neurocientífico Daniel Levitin, las to-do lists  reducen la incidencia del efecto Zeigarnik, que consiste en recordar antes las tareas incompletas. Es decir, gracias a estos listados, no pensamos tanto en lo que nos queda pendiente si no en lo que estamos a punto de conseguir. Y eso, alivia. Es algo así como el aire que necesitamos coger para darlo todo en un último esfuerzo.

Otros, como el psicólogo Masicampo nos alertan de que dedicarle demasiado tiempo a ellas, en realidad, nos distrae y nos aleja de la consecución de objetivos reales. Cada vez que estamos sumergidos en nuestra lista, bajamos el nivel de concentración y actividad. La luz roja se enciende.

Entre tantas opiniones, el Método Ivy, creado hace más de un siglo. Ivy Lee, su autor, demostró que la lista eficaz existe aunque para eso es fundamental seguir estos consejos:

Escribir, al final de cada día, seis cosas más importantes que tengas que hacer al día siguiente. Pero solo seis.

Marcar un orden de prioridad.

Al despertar, concéntrate únicamente en la primera tarea. No la dejes para luego.

Tampoco cambies el orden de las otras actividades.

Y lo más importante, si al finalizar la jornada todavía hay tareas pendientes en tu lista, no te culpes. Añádelas en las del día siguiente.

Lo más sencilla posible y que no nos quite más de diez minutos al día. En eso consiste una to- do list. Todo lo demás, está de más. Aunque quizá, el secreto no sea otro que el de confiar en ti y no esperar que una lista te recuerde los objetivos. Que al final, son tuyos y lo único que necesitas para cumplirlos es tener claro que quieres conseguirlos.

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