Entre Madrid y París, existe un Biarritz muy otoñal

Entre Madrid y París, existe un Biarritz muy otoñal

Miriam Vélez

Las vacaciones están hechas para viajar. A lugares extraños, lejanos, una desconexión. Pero cuando estamos faltos de tiempo, tirar de cercanía es siempre un acierto. Como lo lees, no hace falta cruzar el charco para enamorarse de un paisaje, respirar aire puro, vivir al día y con sentido. Para dejarse llevar sólo nos hace falta un avión y una hora de tu tiempo, ¿nos vamos a Biarritz?

Ese punto de encuentro a pie entre la campiña francesa y el centro más castizo de España, que apenas se encuentra a 10 minutos de la frontera, pero que tantas diferencias nos presenta. El enclave turístico perfecto para aquellos inquietos que adoran el surf, el norte o el estilo francés.

Biarritz es el “the place to be”, la escapada perfecta para cualquier fin de semana en el que disfrutar desde el primer, hasta el último minuto. En sus calles, el ambiente, su aire, su cielo, su mar… Te trasladan a otro lugar. Estás fuera de casa, pero estás cerca a la par.

Acantilados, caminos que se abren paso entre el bosque, amplias playas de suave arena y un mar que inunda los ojos. Su costa es la maravilla con la que deleitarse cuando uno quiere reflexionar. Allí una se encuentra con localizaciones como la playa de Ilbarritz, la Côte des Basques o la maravilla que ilumina los sentidos: Rocher de la Vierge, un pequeño islote unido por un pequeño puente, que ni en el mejor cuento de hadas.

Pero no todo es naturaleza, también sus calles se inundan de una maravillosa luz. Sus casas de estilo francés, con el toque más vasco, son el delirio de todo visitante. Con sus flores, sus balcones y todo el minimalismo que derrocha la vida tan tranquila que se respira en la pequeña ciudad.

Y para los más exquisitos, el paseo central de la Grande Plage se hace realidad. Una inspiración al pequeño Mónaco, con su Teatro del Coliseo, el Casino, la zona más atractiva de la ciudad, inundada de bares y restaurantes con las mejores vistas del lugar, que abren paso también a la majestuosidad del mítico Hotel du Palais que le da clase a la ciudad. Ahora solo nos queda esperar, un pequeño puente, quizás, en el que poder viajar. Para soñar.

Vieja mansión en acantilado de Biarritz.

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