Besos de verano (y de película)

Besos de verano (y de película)

Mireia S. Vaquero

Nos gustan los besos de verano y de película. Y todos los demás, para qué nos vamos a engañar.

No es porque sea verano ni hayamos ido al cine últimamente. Este artículo lo escribimos porque nos gustan los besos y cualquier ocasión es buena para decirlo, demostrarlo y sentirlo. Los besos que superan la ficción. Los besos en cualquier estación. Y en la del tren, también. Nos gustan los besos que no saben guardar secretos. Los besos que terminan en la piel y los que despiertan más que el primer café. Los besos que van a tientas, casi dormidos, pero que se dejan llevar por el instinto. Nos gustan los besos caprichosos y consentidos. A un beso hay que concedérselo todo.

Nos gustan los besos que nos dejan entrar, que son como nuestra segunda casa. Los besos a los que llegamos sin equipaje pero cargados de ganas de hacerlo realidad. Los besos que no se puede llevar el viento porque se quedan por dentro. Los que son rápidos o lentos, no nos importa porque en realidad, todos paran el tiempo. Los besos por estrenar y los que ya están gastados de tanto usar pero nos saben como la primera vez. Nos gustan los primeros aunque no sean perfectos. A pleno sol y en mitad de un chaparrón. Los besos mientras el semáforo decide ponerse verde para cruzar y los que se cruzan en tu vida por casualidad y se quedan.

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