Adictos al amor (y cómo reconocer su intoxicación)

Adictos al amor (y cómo reconocer su intoxicación)

Sara Álvarez

El amor, ese gran misterio que se nos presenta alguna vez en la vida reencarnado en forma de cuento de princesas, puede llegar a ser uno de los principales desencadenantes de los problemas más serios que atentan contra nuestra salud mental y emocional.

Los celos, la falta de comunicación, el rencor y las discusiones son solo algunos de los posibles provocadores del desequilibrio que amenaza con poner punto y final a nuestra relación de pareja. Durante el año, hay innumerables casos de matrimonios o parejas que deciden darse un tiempo o que por el contrario se dejan llevar por su instinto y siguen adelante sin saber si están tomando la decisión adecuada. Empezamos relaciones dedicando el tiempo justo a reflexionar acerca de lo preparados que estamos para ello, izamos la bandera blanca sin tener muy claro que hemos aguantado hasta el final y enlazamos unas relaciones con otras sin recapacitar sobre nuestros errores o aciertos en cada una, engordando los niveles de toxicidad de nuestro organismo. Al final va a ser verdad eso de que somos adictos al amor.

Tal vez la experiencia en el tema o la observación de su entorno sean los principales motivos por los que el psicoterapeuta Rubén González Vera ha decidido echarnos un cable con su libro La revolución de la pareja, en el que habla precisamente de estos problemas provocados por nuestra falta de educación emocional y sentimental que nos alejan de mantener sanas nuestras relaciones amorosas y en consecuencia, nuestra propia salud. Según nos cuenta, existen conductas y premisas culturales que se han normalizado de manera errónea, pues lo único que fomentan es la intoxicación de la relación. Por eso, te animamos a que leas lo que te contamos sobre los síntomas más habituales y a que te cuestiones si encajas en el perfil que dibuja el especialista en su libro.

¡Pero tú más!

Lo que antes era un duelo ñoño por ver quién quería más al otro se ha convertido en un infierno repleto de culpas por haber cometido errores en el pasado que probablemente ni recordemos. Nos hemos acomodado tanto en la dinámica de acumular argumentos que puedan servirnos de aliados para vencer la próxima batallita que no nos damos cuenta de que lo que coleccionamos son piedras sobre nuestro propio tejado.

PUBLICIDAD



PUBLICIDAD