¿Qué tienen en común el marido de Marion Cotillard y Cézanne?

¿Qué tienen en común el marido de Marion Cotillard y Cézanne?

Cristina Romero

Probablemente nunca antes nadie podría haber hecho semejante relación. Dos personas destinadas a no encontrarse en tiempo y espacio, por razones obvias, pero caprichosamente obligados a mantener estrechos lazos en la actualidad. Una curiosa vinculación entre el pintor Paul Cézanne y el actor Guillaume Canet, el marido de Marion Cotillard, que el cine ha querido recoger en sus anales cinematográficos.

Es ahí, en la gran pantalla, donde ambos personajes han estado destinados a encontrarse, en una película del director francés Danièle Thompson, concretamente, en Cézanne y yo, donde se narra las vidas paralelas de dos grandes figuras de la historia, el pintor Cézanne y el escritor Émile Zola, devueltos a la vida por el actor Guillaume Gallienne y Guillaume Canet, respectivamente.

Si un actor tiene que dar vida a un rico, el otro da vida a un pobre. Dos vidas recorridas en paralelo con tantos matices en común como diferencias latentes, aparentemente imposibles de conciliar para que ambos protagonistas de la historia cultural internacional puedan llegar a hablar el mismo idioma. Pero como hemos dicho, sólo aparentemente, ya que tanto Cézanne, nacido en una familia acomodada pero reacia a ser integrante activo de su prometedora vida social, como Émile Zola, huérfano y sin blanca con deseos de valerse de la burguesía para alcanzar su momento estelar en la literatura, logran convertirse en artistas caminando, en sentido figurado, de la mano.

Un argumento del que, según ha desvelado el propio Guillaume Canet, más conocido popularmente por ser el marido de la francesa Marion Cotillard y protagonizar junto a ella Quiéreme si te atreves, el actor se enamoró desde el primer momento por tener que da vida a uno de los escritores más inspiradores dentro y fuera de las fronteras de su país de origen, como Émile Zola. Sentimiento compartido por su compañero de reparto, Guillaume Gallienne, con el suyo, Cézanne.

La historia, contada bajo el prisma de las impresiones de Zola, promete un recorrido por la vida de ambos artistas, tan distanciadas socialmente, y compartiendo un mismo sentimiento: crear, uno arte y el otro palabras, y pasando a la historia convertidos en los mejores. Algo que consiguieron, pero como siempre ocurre con los más capaces, a destiempo.

Y en esta moraleja de la película es donde radica el verdadero trasfondo de Cézanne y yo: el poco valor que damos a las cosas y personas que damos cuando pasan por nuestras vidas, intentando enmendar el error cuando ya están lejos de nosotros.

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