¡Larga vida a los lectores!

¡Larga vida a los lectores!

Sara Álvarez

El fondo del mar, el pico de una montaña, los países más exóticos, los rincones más inóspitos e incluso Narnia o La Comarca. Cuando nos adentramos en las profundidades de la lectura, descubrimos mundos paralelos que nos brindan la oportunidad de visitar lugares desconocidos para nosotros, los lectores.

El tiempo, que en la vida real se esfuma a toda prisa, parece detenerse en cuanto posamos nuestros ojos y nuestra mente en los párrafos de un libro. Nos metemos tanto en la piel de los personajes, que hacemos de sus problemas algo personal. Vemos a través de sus ojos. Escuchamos su respiración, que pasa a ser la nuestra. Palpamos sus miedos a través de nuestro propio tacto. Disfrutamos los aromas que se manifiestan en las detalladas descripciones. Saboreamos los manjares más exquisitos. Conversamos con grandes mentes, como la de Oscar Wilde. Abrimos las ventanas para que entren nuevas aventuras. Tripulamos barcos. Domamos dragones. Bailamos con María Antonieta. Pisamos la Luna. Vemos cómo un fénix nos cura las heridas. Asistimos a grandes fiestas en palacios. Luchamos en la Segunda Guerra mundial. Nos bañamos con sirenas o con el mismísimo Napoleón. Todo vale en el amor, la guerra y la lectura.

Canciones, películas, relatos sobre otros relatos e incluso cuadros han sido muchas manifestaciones de la inspiración que suponen para nosotros las personas que leen y los libros que leemos.

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