Audrey, a subasta

Audrey, a subasta

Manuela García

Grace Kelly, Ava Gardner, Marilyn Monroe, Maria Callas… y la lista podría seguir hasta el infinito. El grupo de mujeres que han pasado  a la historia bajo el calificativo de iconos, es tan extenso cómo heterogéneo. Distintos son los estilos de Mailyn o Grace Kelly y a su vez, los de Twigy o Jane Birquin. También Audrey Hepburn. Su mérito no ha residido pues en adaptarse camaleónicamente a las tendencias sino todo lo contrario: ellas han creado tendencia precisamente por desmarcarse, por reivindicar su estilo propio, no sólo al vestir, sino también en la forma de ser, de estar, de tratar con los demás.

Audrey, a subasta

Si hay un nombre que de manera indiscutible debe aparecer en la lista de iconos es el de Audrey Hepburn. Su sencillez, su naturalidad y sobre todo su elegancia la han elevado a la categoría de icono. Nadie discute que Audrey fue y es un referente en lo que a estilo se refiere. Y cuando decimos nadie queremos decir que incluso aquellos que no han visto ninguna de sus películas, que no han vivido la época de sus apariciones públicas o que todo sus contacto con ella se limita a cuatro fotogramas de películas, incluso esos, tienen aceptada la idea de que esta mujer fue y es todo un referente de elegancia. He ahí el mérito de una figura como la de Hepburn: la admiración que se profesa por ella sobrevive al paso del tiempo, es más, esta crece con el paso de los años hasta consolidarse definitivamente su transformación de simple icono a mito.

Audrey, a subasta   Audrey, a subasta

Una de las consecuencias de la mitificación de un personaje es la devoción por todo lo que en vida lo rodeó, esa insistencia en querer conocerlo desde lo personal con un interés que nadie había demostrado cuando estos vivía. Audrey es uno de esos personajes y su vida privada suscita pues ese interés de un público ansioso por conocerla o por recordarla con mayor nitidez. Prueba de dicho interés es la celebración en Londres de una subasta de objetos personales de la actriz. Han sido sus hijos los que han ideado este evento, que corrió a cuenta de Christie’s, en el que se pusieron a la venta artículos tan dispares como una maleta de la actriz, algunos de sus guiones originales, vestidos, pañuelos o gafas. Sus descendientes han decidido desempolvar y sacar a la luz algunos de los recuerdos más personales de su madre. Con ello han puesto de nuevo el foco mediático sobre la figura de Audrey y nos han dado una excusa (que en realidad nunca llegamos a necesitar) para volver acordarnos de por qué la británica tiene reservado un lugar en el imaginario colectivo, un lugar asociado a la sofisticación y la elegancia. 

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