Así es Melanie Griffith, la superviviente

Así es Melanie Griffith, la superviviente

DESLFINA SOBRÍN

Ha sobrevivido al ataque de un león, a un accidente de tráfico, al alcohol y las pastillas y a varias rupturas dolorosas. Y digan lo que digan, Melanie Griffith lo ha hecho con estilo.

Si te paras a pensarlo te darás cuenta de que la vida de Melanie Richards Griffith (Nueva York, 1958) es uno de los mejores ejemplos del fin del viejo Hollywood. Su madre, Tippi Hedren (Minnesota, 1930), perteneció a esa otra generación de actrices capaz de llevar la procesión por dentro en todo momento. A Melanie, en cambio, mantener las apariencias nunca le ha preocupado demasiado.

Sus padres, que se habían divorciado cuando ella tenía cuatro años, intentaron convertirla en niña prodigio con algunos trabajos como modelo, pero tuvo que tejarlo por timidez. La primera vez que hizo lo que le dio la gana tenía 14 años. Conoció a Don Johnson, que compartía el set de rodaje de The Harrad Experiment con su madre y era ocho años mayor que ella, y comenzaron una relación escandalosa que haría las delicias de la prensa rosa (¿o era amarilla?). Pocos saben que mientras tanto logró graduarse un año antes de lo habitual en el instituto tras hacer dos cursos en uno.

Así es Melanie Griffith, la superviviente

Corrían los 70 y Melanie era el reflejo de esa época: camisas transparentes y shorts, camisetas estampadas y vaqueros de campana, jerséis de rayas, bikinis de triángulo y dos piezas que dejaban el abdomen al aire y que sin duda forman parte del tablero de Pinterest de los diseñadores de Reformation.

Aunque la relación era sin duda tormentosa la pareja contrajo matrimonio en 1976. Duró solo seis meses, pero volverían a casarse en el 89 (la tercera vez para Melanie que también le había dado el “sí, quiero” a Steven Bauer, padre de su primer hijo Alexander, a principios de los 80) tras pasar una temporada en rehabilitación. Pocos después nació Dakota, pero no lograron que lo suyo funcionase y en el 95 rompieron definitivamente. “Tenemos un lazo y le quiero, siempre le querré. Pero que quieras a alguien no significa necesariamente que puedas vivir con esa persona”.

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A principios de los 80 el mundo se estremeció con Roar, un experimento que comenzó a producirse 10 años antes y que reflejaba la vida de una familia entre leones (el responsable, por cierto, era su padrastro Noel Marshall). El argumento era en parte realidad y en parte ficción, porque Hedren tenía por aquel entonces un león como mascota.

Todo el reparto sufrió heridas durante el rodaje. Las de Melanie se cerraron con la ayuda de 50 puntos y corrió el riesgo de perder un ojo. En esa época fue atropellada por un coche en Sunset Bulevard mientras cruzaba la calle bajo los efectos de las drogas. Perdió la memoria durante varios días.

De forma paralela, en su carrera pasó de niña a la mujer que todas querían ser. Su papel en Armas de Mujer (1988), además de en ganadora de un Globo de Oro, la convirtió en referente del look de ejecutiva. Pero ya se sabe cómo es esto del espectáculo: el éxito en lo profesional no viene de la mano del personal. Sus adicciones, eso sí, no necesitaron llegar a ser evidentes porque nunca le ha importado reconocer que las ha padecido.

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Con los 90 descendió el nivel de cardado de su pelo y llegaron las críticas desiguales, aunque no mermaron en nada su atractivo. Para muestras Milk Money (1994), Amigas para siempre (1995) o Crazy in Alabama (1999). A papeles brillantes como el de Buffalo Girls (1995) seguían otros que no lo eran tanto como el de Two Much (1996), pero qué importa eso si sirven para conocer a otro amor de tu vida. Antonio Banderas y ella estuvieron juntos los siguientes 18 años, y en ellos lograron formar una familia (que creció con el nacimiento de Stella del Carmen) y superar las idas y venidas de rehabilitación de Melanie. Se divorciaron en 2014 ante una audiencia de millones de espectadores que no solo asistieron al n de una relación, sino que también pudieron ver cómo “Antonio” desaparecía del tatuaje de su brazo. Un tatuaje que vino y se fue con críticas, pero eso nunca ha parecido preocuparle, porque (en caso de que todavía no haya quedado claro) Melanie Griffith hace lo que le apetece desde que era adolescente.

En uno de sus peores momentos le preguntaron de dónde sacaba el coraje para seguir adelante. “¿Valiente? ¿No es la vida dura para todo el mundo?”. Estilo no es solo una forma de vestir, también encontrar siempre la manera de seguir adelante con gracia.

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