Emma Stone sólo quiere ser humana

Emma Stone sólo quiere ser humana

Cristina Romero

“Haces esto porque te aterroriza admitir, como a todos los demás, que no eres relevante. ¿Y sabes qué? Es cierto”. No es la primera vez que el personaje de un actor –en este caso actriz- acierta con su guión haciendonos pensar largo y tendido en su frase lapidaria, pero esta declaración de Emma Stone, Sam en Birdman, puede extrapolarse del cine a la vida diaria de cualquier mortal.

Firmes, altivas y hasta desafiantes son estas palabras de Emma Stone pronunciadas en la piel de Sam, la chica a la que da vida en la película y a la que regala la posesión de ideas tan acertadas como la que recordamos. Hoy volvemos a Birdman, que no es, ni por asomo, la película más sonada de la actriz, pero ella tampoco entra dentro de los cánones de la tipicidad. Y es, precisamente en este detalle –y en esta película-, donde encontramos las claves que nos llevan a convencernos de una vez por todas que el rasgo de la personalidad que más nos atrae de Emma Stone, y nos abre el apetito de querer parecernos a ella, es su humildad.

La misma humildad que demuestra cada vez que ve acercarse una cámara. La misma, claro, que deja denotar una profesión como la suya. Y no es la carta fácil a jugar para que quienes te admiran te admiren más, no; es una realidad que ella misma se encarga de recordarnos en sus entrevistas, en las cuales no se muestra incansable de convencernos a quienes la vemos, escuchamos y seguimos que sus personajes tienen más de ella que de ficción. No escoge los guiones, los guiones la escogen a ella, ya que sus directores saben qué tipo de papeles estaría dispuesta aceptar la que ya es musa de muchos, como Woody Allen. Y la respuesta es: nunca típicos.

Emma Stone sólo quiere ser humana

Huye del aburrimiento con la misma facilidad que sus seguidores nos acercamos a ella. Porque sobra leer su nombre en un titular para lanzarnos al contenido como un adicto a su vino. Las alfombras rojas son suyas y los Oscar han dejado claro que la quieren en sus anales, en los que, por cierto, ya está gracias a La La Land, el sueño hecho realidad de muchas y su éxito personal. Sólo ella supo ponernos en bandeja las ganas de intentar, equivocarnos y volvernos a motivar entre canciones y bailes, lágrimas y esperanza, sonrisas y amores llegados en hora punta, aunque meses después de su estreno todavía nos cuente saber si para ser rechazados o para enseñarnos que la vida, como matriarca de la casa que habitamos durante un breve periodo de tiempo, siempre es justa a su manera y que únicamente depende del paso del tiempo darnos cuenta de ello.

Pero la cuestión es Emma y no el desajustado interés que tiene la vida en ponernos a personas en el lugar correcto (pero) en el momento equivocado. Hoy sólo importa ella y las 29 velas que sopla; todas y cada una ellas firmes candidatas a hacer de Emma Stone una mujer mucho más íntegra si cabe. Si la humildad es una de sus armas mejor consideradas, la razón no es otra que la frase con la que hemos abierto esta felicitación de cumpleaños. Nos gusta porque ella –y Sam- saben que nadie es superior a nadie. Ni por ser una de las actrices mejor pagadas y valoradas de Hollywood, ni por aumentar el valor de todo lo que toca.

Emma Stone sólo quiere ser humana   Emma Stone sólo quiere ser humana

Sus personajes son ella misma hablando desde la boca de otras personas. Así lo ha manifestado en infinidad de veces y así la queremos, poniendo un granito de ella en cada interpretación. Por eso, gracias a este personaje sabemos que no busca ser la protagonista, aunque su trabajo consista en ello, y que, muy gustosamente, nos cedería el puesto relevante a nosotras. Sus seguidoras, las que hemos llevado a Emily Jean Stone a ser Emma Stone en un tiempo record.

Simplemente por ser humana, un requisito que parece haber sido olvidado en esta industria.

Emma ha sabido entender lo que nos gusta. No tiene nada que ver con heroicidad, con ser relevante o no, sí con humanidad. Y “calor de hogar” es lo que nos da con cada guión que acepta, con cada causa que defiende, dentro y fuera de una pantalla, y con cada habladuría de la que se aleja.

Emily Jean es la que hay (y es la que vemos).

PUBLICIDAD



PUBLICIDAD