El armario de Sade

El armario de Sade

RAQUEL FERNÁNDEZ

Su look minimalista (pelo liso, pendientes de aro, cuellos vueltos y chaquetas de corte bolero incluidas) la hizo destacar en una década de excesos. Así era el armario de Sade y así creó un estilo que aún hoy inspira a las firmas.

“Insistir en su belleza no es realmente sexista. No puedes escribir sobre Sade de verdad e ignorarla”. En esos términos describía la situación el periodista Dennis Hunt en Los Angeles Times el 24 de febrero de 1985. Es curioso que, 32 años después, la prensa todavía se cuestiona sobre las bondades y los peligros de referirse al físico de las mujeres con talento. La cita de ese artículo nos sirve para poner de relieve que el fenómeno de estilo de Sade no habría sido lo mismo sin esa belleza evidente, pero como pasa al hablar de su música, tampoco sería justo que le restase mérito.

Nacida en Nigeria pero criada en la ciudad británica de Essex desde los cuatro años, Helen Folasade Adu se graduó en moda en la prestigiosa Central Saint Martins, abrió su propia boutique e hizo sus pinitos diseñando para hombre antes de dedicarse, casi por casualidad, a la música (aunque ya se sabe que en la leyenda de cómo un artista se convierte en artista la casualidad siempre es variable indispensable). Lo que sí que no es posible asimilar como un hecho fortuito es que Sade conocía a la perfección el poder de la moda a la hora de crearse una imagen. Además de haberlo estudiado, en los primeros 80, en pleno reinado de Michael Jackson, era imposible ignorarlo.

Hay tres señas de identidad que ha mantenido a lo largo del tiempo y que no solo no han caído en el olvido, sino que la industria de la moda y la belleza recupera cada pocas temporadas: los labios rojos, su larguísima coleta y los aros dorados. Esa capacidad de mantenerse contemporáneos explica también por qué durante los años más prolíficos de su carrera no formó parte de la lista habitual de iconos de estilo. En los 80 de Cindy Lauper y Madonna, el look relajado de Sade no era lo suficientemente llamativo. Hoy es imposible negar su capacidad inspiradora.

El armario de Sade

Para muestra, algunos botones. Los de la camisa azul sumada a unos vaqueros y a un brazalete dorado que podría firmar Aurélie Bidermann desde los que mira a la cámara en una de sus fotos más conocidas. Los de las chaquetas étnicas que convirtió en símbolo de identidad o los que cerraban el body blanco que utilizó durante una gira completa y por el que hoy matarían muchas modelos. Los del top de lunares combinado con un pantalón blanco y bailarinas de su etapa española. También los que no llevaban ninguna de las dos toallas que cubren su cuerpo y su pelo en otra de sus fotos inolvidables.

Sus videoclips también nos dejaron pistas que todavía funcionan, como la chaqueta negra ceñida con un cinturón de Your Love is King (1984), la americana con detalle metálico de The Sweetest Taboo (1985), el traje de terciopelo de Is It a Crime (1985), el vestido blanco de Smooth Operator (1984), el sombrero y las sandalias de Paradise (1988) y, por qué no, el dos piezas de novia de No Ordinary Love (1992).

Lo mejor de dar con el estilo que va con tu personalidad es que es posible regirse por sus normas para siempre. Sade dio con el suyo y sigue manteniéndolo a sus 58 años. Entre masculino y femenino, sofisticado pero tranquilo. Preparado para la vida real. Esos son los 80 que recuperan ahora las firmas y que en ocasiones han hecho suyo estrellas del pop como Beyoncé o Rihanna. La británica Jonas ha sido la última en sumarse a su lista de admiradoras no confesas.

El armario de Sade   El armario de Sade

Artículo publicado originalmente en el número 15 de L’Officiel España.

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