¿Por qué se llama “yoga terapéutico”?

¿Por qué se llama “yoga terapéutico”?

Manuela García

El yoga es probablemente uno de los ejercicios más beneficiosos que existen para nuestro cuerpo. En las recetas milagrosas que nos vamos encontrando a lo largo de los años sobre cómo mantener un buen estado físico, el yoga siempre tiene un lugar reservado. Habrá quien lo infravalore por pensar que no puede ser considerado un deporte y que por tanto sus beneficios para mejorar nuestra figura puedan ser puestos en duda. Pero nada más lejos de la realidad. El yoga, no sólo contribuye a una mejora de nuestro aspecto físico, sino que permite trabajar a la vez cuerpo y mente, conectar ambos ayudándonos a ser conscientes de cada uno de nuestros movimientos. Es ahí donde reside su éxito: en la oportunidad que nos ofrece de conocer mejor nuestro cuerpo y los efectos que los estados de nuestra mente tienen sobre el mismo.

¿Por qué se llama “yoga terapéutico”?

Como cabría esperar de una práctica tan extendida como esta, ya se han desarrollado a estas alturas infinidad de formas de enfocar las posturas y ejercicios en función de cuáles sean los objetivos que se pretenden conseguir, de manera que podemos hablar de distintos tipos de yoga: Anusara, Hatha, Power Yoga, Acro Yoga, y ahora también, el yoga terapéutico, cuyo fin es lograr mediante la práctica de ejercicios adaptados a cada persona, la resolución de problemas musculares, digestivos, migrañas, y hasta problemas emocionales o psíquicos.

El yoga terapéutico exige una especialización del profesorado, de manera que es necesario que este tenga conocimientos de anatomía, psicología y en general de patologías tanto de carácter físico como emocional. Conocer de manera específica los problemas concretos a los que se enfrenta cada alumno en una clase de yoga terapéutico ayuda a que el trato sea lo más individualizado posible y los ejercicios ayuden a resolver con eficacia las dolencias. Entre sus beneficios se encuentran la mejora de la respiración, del equilibrio, la elasticidad, de la circulación sanguínea e incluso ayuda a gestionar mejor el estrés. De ahí que resulte idóneo para personas que padecen lumbalgia o que tienen que recuperarse de dolencias leves como la que pueda causar un esguince, pero también es recomendable para aquellas que tiene que hacer frente al estrés, depresión o la ansiedad.

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