La crueldad de la belleza

La crueldad de la belleza

CLARA BUEDO

“Para presumir hay que sufrir”. Cuántas veces nos hemos enfrentado a este cliché que sin embargo encierra el axioma de la fábula de la humanidad. A lo largo de la historia, ha quedado manifiesta la propensión del hombre a modificar su físico, a manipularlo y deformarlo desafiando las leyes de la naturaleza. “Una deformación sublime”, que diría Baudelaire.

Las mujeres mangbetu de Zaire manipulan sus cráneos alargándolos con el fin de simular el perfil de las reinas egipcias. Las birmanas padaung estiran sus cuellos con espirales de latón, que pueden llegar a medir más de 25 centímetros y pesar alrededor de los cinco kilos, para hundir clavículas y omóplatos y así recrear la ilusión de un cuello más largo. Las igbo de Nigeria llevan enormes tobilleras de bronce, de hasta seis kilos de peso cada una, que les exigen caminar dibujando semicírculos para evitar tropezar y precipitarse al vacío. Las chinas manchú vendaban sus pies para que no crecieran y se replegasen sobre sí para simular la estética de los pies “loto de oro”, una práctica que duró más de 1000 años, reservada a las damas de corte y a las concubinas como un extraño fenómeno de exaltación erótica. Todas ellas impedidas para caminar, dando cortos y torpes pasos, tambaleándose para evitar una caída. Una extraña forma de fantasear con el ideal de hermosura.

El mordisco del corsé se dejó sentir en los cuerpos tullidos de las victorianas y los dandis del XIX que estrangulaban sus anatomías con ballenas metálicas, lazos y correas de cuero para obligarse a estar erguidos. Coquetería obliga… Se comprobó el lento proceso de envenenamiento que sufrieron las zarinas de los siglos XVI y XVII por las elevadas tasas de mercurio, arsénico y plomo que contenían los cosméticos con los que se maquillaban cada día. Escarificaciones, laceraciones, grabados y mutilaciones irreversibles. Tatuajes y piercing. Lo que en un principio no fue más que una provocación subversiva y marginal terminó convirtiéndose en una práctica de moda. El talle del pantalón femenino tuvo que bajar unos centímetros para poder revelar los ombligos anillados.

La crueldad de la belleza

MILAN, ITALY – SEPTEMBER 25: A model walks the runway during the Philosophy di Lorenzo Serafini fashion show as part of Milan Fashion Week Spring/Summer 2016 on September 25, 2015 in Milan, Italy. (Photo by Pietro D’Aprano/Getty Images)

 

Hemos puesto nuestro cuerpo a merced de los vaivenes estéticos empujados por la obsesión de agradar. Por el temor a ser rechazados. La llegada de Kate Moss a las pasarelas desató la moda de las famélicas. anorexia y bulimia se convirtieron en el caballo de batalla de una sociedad movida por las apariencias. La actriz Portia de rossi reconoció comer con palillos para no pasarse con las cantidades de los únicos alimentos que ingería: atún, lechuga, yogur y arándanos. La cirugía estética se democratiza y se extienden las escapadas turísticas a paraísos low cost, un todo incluido con resultados drásticos y en muchos casos irreversibles. El regalo de graduación a las jovencitas ya no es un anillo de diamantes, sino un aumento de mamas. El marketing impone nuevos cánones de belleza que de forma subliminal se graban en nuestras mentes. Nos empujan a nuevas formas de opresión: estar delgados y atléticos, mantenernos eternamente jóvenes y sin arrugas con proporciones que rozan casi la perfección. Pero, ¿qué es la perfección? ¿Quién la impone?

La artista francesa Orlan desafió la teoría de la proporción áurea ironizando sobre lo absurdo del ideal de belleza con su obra Arte Carnal (1990-1993), un proyecto mediante el que transformó su rostro con cirugía plástica combinando los rasgos faciales de cinco diosas mitológicas iconos de belleza a modo de collage. Con ello mostró que la obsesión por seguir el canon estético establecido al final no produce más que monstruos. La obcecación por la cirugía estética ha sido inversamente

proporcional a nuestro nivel de autoestima. Cuanta menos seguridad, más operaciones. Gana el bisturí. Una tendencia que sin embargo ha ido disminuyendo en los últimos años según el Dr. Alfredo Fernández Blanco. ¿Capricho de las tendencias? En 2009 se realizaron 105.000 intervenciones quirúrgicas mientras que en 2014 solo fueron 95.000. En las clínicas de estética se han percatado de que la evolución de la silicona, el bótox o el ácido hialurónico no ha sido la esperada. Que algunas infiltraciones con materiales de relleno han terminado caminando por derroteros desconocidos. El resultado son rostros que parecen caricaturas de sí mismos…

Hoy la cirugía que más se demanda es la “secundaria”, esa que se dedica a arreglar los desaguisados del pasado. La que extrae la silicona mal avenida para reconstruir la zona labial y dejarla sin mácula. Según el Dr. Fernández, experto en este tipo de intervenciones, la reina de la cirugía secundaria es la mamoplastia, aunque también la cirugía de Ectropión, la que se encarga de solucionar complicadas blefaroplastias que dejan al descubierto la parte interna del párpado. Se está pagando ser cicateros. Las cirugías low cost son las que más problemas están ocasionado. El boom de la cirugía íntima en los últimos años está haciendo que los cirujanos se enfrenten a nuevos desafíos.

“Envejecer bien es sano, incluso atractivo y bonito. Negarse a envejecer puede hacernos caer en el absurdo, con resultados antinaturales que rozan el ridículo”, expresa el Dr. César Casado clinicaio.es. Hoy se tiende a la naturalidad, a envejecer con “dignidad”, a respetar los designios del paso del tiempo. a mirar esa arruga con otros ojos e intentar desdibujarla con protocolos estéticos mínimamente invasivos, que parecen ser sacados de un proyecto de ingeniería, a base de mallas y trazados que levantan la arquitectura facial. “Las líneas de investigación más prometedoras se basan en las terapias no invasivas, la utilidad del láser en distintos procedimientos y la aplicación de células madre en prevención del envejecimiento de los tejidos”, concluye el Dr. Casado.

El futuro de la juventud eterna bebe del cáliz de la medicina regenerativa, el desarrollo de las células madre y los factores de crecimiento. Los avances tecnológicos en medicina genética han permitido diseñar tratamientos a medida y serán la base de los procedimientos estéticos del futuro. Ciencia y tendencias, ambas de la mano, serán las encargadas de bocetar los rostros del mañana replicando las facciones de nuestra juventud, aunque quizás todavía quede la parte más importante de la ecuación de la belleza por descifrar: nuestras mentes…

Entender que para epatar no es necesario mutar, sino fluir en consonancia con nuestro propio yo. Como dijo Catherine Bensaid: “Somos bellos por nuestro modo de mirar el mundo, no por el modo en que el mundo puede o no mirarnos”.

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