Hacerse hoyuelos a la carta

Hacerse hoyuelos a la carta

Mireia S. Vaquero

Es lo que ahora se ha puesto de moda pero hacerse hoyuelos podría ser algo del pasado.

En el año 1936, Isabella Gilbert de Rochester se atrevió a enviarle a la prensa norteamericana una máscara para hacerse hoyuelos. Por aquel entonces, el artilugio consistía en un alambra que se estrechaba a la altura de los pómulos. Tenía dos protuberancias que, al presionar sobre las mejillas, creaba los hoyuelos tan ansiados. Isabella no obtuvo la respuesta que deseaba y este aparato fue retirado de inmediato por la Asociación Médica Estadounidense. Su invento se quedó guardado en un cajón. Años más tarde, el cajón se ha vuelto a abrir pero para rescatar una tendencia que cada vez tiene más adeptos: la de hacerse hoyuelos a la carta.

Hacerse hoyuelos a la carta

¿Qué tienen en común Kirk Douglas, Anne Hathaway, Matthew McConaughey y Katharine Hepburn? Los hoyuelos. Inconfundibles. Un rasgo peculiar y único. Una seña de identidad. Lo que les hace diferentes. Hasta ahora, a la persona que no tenía hoyuelos, no le quedaba más remedio que conformarse y aceptarlo pero las cosas han cambiado. La cirugía ha creado la técnica para conseguirlo esta peculiaridad en el rostro. ¿Su nombre? Dimpleplasty.

La duda no es otra que saber si se trata de algo pasajero o se terminará normalizando. Según la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética, España es uno de los países europeos que más intervenciones realiza y, en el ámbito de la cirugía facial, es precisamente la dimpleplasty, una de las cinco operaciones que más demandan las jóvenes menores de 35 años.

¿Verdad o mentira?

Lo cierto es que por mucho que se intente jugar al despiste, hay diferencias notables entre los hoyuelos naturales y los artificiales. Los primeros son genéticos y se dibujan cuando asoma una sonrisa. Los otros, en cambio, siempre serán visibles.

Hacerse hoyuelos a la carta   Hacerse hoyuelos a la carta

La intervención consiste en una pequeña incisión en el interior de la boca. Así, se elimina una pequeña cantidad de tejido del interior de la mejilla y después, se sutura el músculo a la superficie profunda de la piel. Los profesionales de la salud señalan, por una parte, que es fundamental ponerse en buenas manos y, por otra, recomiendan optar por el hoyuelo en la barbilla, pues resulta más seguro que el de la mejilla.

También recuerdan que, con el tiempo, la edad hará acto de presencia. Entonces, la caída de los tejidos será inevitable y podrán ocurrir dos situaciones. La primera, que desaparezcan los hoyuelos. La segunda, que cuelgue un tejido por encima y por debajo, creando un resultado mucho menos estético.

¿Todo vale?

Puede que esta nueva moda, la de hacerse hoyuelos para que aparezcan en cada sonrisa, refleje esta costumbre tan caprichosa, la de querer tenerlo todo cuando, en realidad, tenemos lo más importante, la posibilidad de sonreír.

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